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La muñeca

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La muñeca

Naomi Scarlett García Molina

 

En la mesa del comedor, me sentía tan fría y solitaria, siendo una fina muñeca de porcelana con risos de oro y una sonrisa demasiado vacía. Siempre que había una reunión permanecía simplemente sentada, observando sin poder moverme, ya que el cuerpo no me lo permitía. Deseaba poder ser humana y experimentar cada una de las cosas que veía, como comer, hablar, bailar, pero sobre todo tener amigos con quien estar.

Pasaban los días, semanas y así sucesivamente, un día mi dueña por fin se dio cuenta de mi presencia, por un momento, solo un momento, me sentí feliz. Ella, mi dueña, hizo una llamada y después de unas horas un hombre alto y serio entró por la sala y me tomó con cuidado. Después de un lapso de oscuridad, volví a ver la luz, y entonces me sentí demasiado observada, pero estaba tranquila, ya que por fin alguien me había prestado atención después de tanto tiempo de soledad.

Sinceramente no tuve idea de a dónde nos dirigíamos, pero cuando llegamos me pusieron en un nuevo lugar, muy elegante, más grande y en compañía de cuadros y esculturas que podía observar. Me di cuenta, que estaba en un museo. Al día siguiente muchas personas me miraban con asombro. Ahora ya no me siento sola, y pensé que tal vez no podía experimentar lo que es ser humana, pero sí atraer su atención, para que al menos me observaran. También me di cuenta que llegué a ser el centro de atención, ya que tengo una gran belleza que nunca había notado, y es que enfrente de mí se encuentra un enorme espejo.

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Sarahi

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