El poder de la inteligencia
Graciela Mariano Rodríguez

Elizabeth era una mujer extraordinaria que trabajaba en una oficina. Sin embargo, por su gran timidez se sentía torpe y vacía. Esto se debía a que sus conocimientos eran reprimidos por su propio jefe. En sus ratos libres, Elizabeth hacía unas hermosas esculturas. Y esto era un escape a la tormentosa realidad en la que vivía, evitando así llorar cuando tenía que regresar a su oficina.

Un día, cansada de ser humillada, se enfrentó a él, su jefe, le expresó toda su ira, rabia e inconformidades. Elizabeth renunció a su presente. Emprendió un negocio donde realizaba su verdadera pasión, la escultura. Fue entonces cuando las cadenas que la aferraban a su débil ser, se rompieron.