El diario perdido

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El diario perdido

El diario perdido

María Teresa Bernal C

La campana de la escuela sonó al fin, clara y fuerte.

Valentina, que ya sabía lo que esto significaba cogió sus utensilios y fue al primero de los salones.

Entró al salón, dejó la cubeta en el suelo y comenzó recogiendo los papeles y envolturas que los descuidados alumnos habían dejado.

Fue entonces que vio un cuaderno en una de las sillas y una pequeña chispa de curiosidad apareció en su mente.

No se veía como un cuaderno de trabajo ya que estaba lleno de dibujos y letreros que, a juzgar por su sencillez era obvio los había hecho el dueño.

¿Lo abriría? A sus ya 30 años, era algo inaceptable el que quisiera hacerlo y aun así algo le decía que tenía que hacerlo.

Así que abrió la libreta y comenzó a hojearla.

Paso un buen tiempo leyendo una por una las páginas hasta que acabó por perderse en la lectura.

Se escuchó entonces el sonido tímido de una puerta.

Asustada de que la hubieran descubierto, Valentina trató de esconder la prueba del crimen cuando notó que quién había entrado era una pequeña niña de 8 años.

-Dejé mi cuaderno-dijo la niña con voz azorada.

Valentina, sintiéndose algo avergonzada, le dio el cuaderno.

– ¿Tu madre está enferma? -preguntó Valentina.

La niña asintió.

– ¿Hace cuánto que estudias aquí?

-Dos meses -dijo la niña.

– ¿Eres de Guerrero?

La pequeña asintió de nuevo y dijo:

-Vinimos aquí para que mamá pudiera estar en el hospital.

– ¿Cómo se llama tu mamá? –preguntó Valentina una vez más.

-Mi papá me está esperando -contestó la niña del cuaderno para evitar contestar, sus padres le habían insistido constantemente que no dijera nombres a extraños.

Trató de irse, pero Valentina le dijo:

– ¡Espera! ¿No se llama de casualidad Daniela Torres?

-Tal vez -la niña no supo decir que no.

Pero se fue tan rápido como pudo.

Valentina se quedó sola y siguió recogiendo papeles y envolturas a la vez que, consternada, pensaba en su hermana, aquella que estaba enferma y a cuya hija acababa de conocer gracias al diario perdido.

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Sarahi

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