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Aprender a Vivir

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Aprender a Vivir

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Andrea Mercado

 

Han pasado 138 días desde aquella tarde cuando el virus llegó. Ese día yo disfrutaba con mis amigos y al parecer no fue suficiente, hoy lo único que tengo son recuerdos. Dejamos de comunicarnos hace no más de un mes ya que la electricidad ha caído, seguimos sin salir debido a lo grave de la situación, aunque en estos momentos no se sabe con exactitud qué es lo que está pasando, lo único que tenemos es esa camioneta que pasa todos los días en diferentes delegaciones del país a las 6 de la madrugada, diciendo: 7 de agosto, 104,657 casos activos, 27,682 muertes y 71,252 recuperados. México es uno de los países con menos casos hasta ahora o eso se sabía hace unas semanas.

Romina mi madre, está paranoica quiere salir a ver a sus hermanas, hace quehacer todo el tiempo, desinfecta la casa y cuando no encuentra más que hacer se sienta a leer un libro hasta quedar dormida, papá trabajaba desde casa y esto le abruma un poco, le encanta estar en la oficina y ver todo desde el noveno piso con la luz entrando por la ventana, pero ahora con la pérdida de internet sólo admira a mamá y se ríe un poco de su locura, la ama muchísimo y jamás lo había notado, y bueno mis pequeños hermanos son felices por no asistir a clases, se la pasan correteando y jugando con el jenga u otros juegos. A mí me toca hacer las compras, y salir, afortunadamente acabé mis clases antes del problema, decidimos que yo saldría ya que mi padre no sabe bien cómo se hacen las compras y rendir con el dinero que tenemos, mamá tiene que estar en casa ya que esto la pone muy mal y débil.

Este mes fue cuando las cosas se complicaron, escuché a mamá darme la bendición y ahora decir -Adara por favor cuídate mucho- con un tono un tanto preocupante, pues ahora la gente estaba atacando a cualquier otra persona, algunas por comida, dinero, u otras simplemente por el miedo de que supuestamente se les contagiara el virus, esto era para mí algo realmente estúpido. Unos días después se fue la electricidad, prohibieron la salida y empezaron a dar la información por medio de esa camioneta.

Pasaron ya dos semanas más, estoy cansada y sólo quiero salir para disfrutar del aire, estar con mi familia, mis amigos e ir a la escuela. El insomnio no para, ya no hay más que hacer en la casa, los niños ya no están contentos, afortunadamente la electricidad regresó hace poco y papá puede trabajar, pero eso no le quita el malhumor de estar encerrado tanto tiempo. Y mamá… mi Romi, ya no se levanta de la cama, se siente mal y un poco agotada, espero no sea nada grave, me entristece verla así.

Llegamos a septiembre, dicen que los casos han bajado mucho desde agosto y que probablemente podamos volver a las actividades pronto, espero que sí. Tengo una emoción inmensa de pensar en el reencuentro con todos mis amigos, en las visitas a la abuela, en las salidas al parque, en los partidos con mi equipo, en volver a bailar y disfrutar de tantas cosas que no les había dado la importancia necesaria. Quiero vivir de nuevo.

Hace unos días por fin salimos, y he disfrutado mucho cada momento, sentir la brisa en mi cara, los olores son más profundos, la gente pasea, la comida es diferente con un sabor tan intenso, mi familia también está feliz. Conocí mucho más a mis padres en este tiempo y de igual manera valoro su presencia aquí ahora mucho más, hubo muchas pérdidas y estoy agradecida por seguir aquí, creo que es lo realmente importante. Ahora me toca seguir viviendo, en casa o fuera, pero vivir.

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Sarahi

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